jueves 17 de abril de 2008

Os voy a contar una historia. Part II

subimos al primero piso y me encuentro unas mujeres bastante mayores. La primera no me correspondió a la mirada porque sus ojos no podrán nunca ver la cara de quien la salvo. Estaba intentando ayudar a lavar los platos, pobrecita, como señal de agradecimiento. Vivía en un vertedero. Su historia ¡miserable!!!!! En ese vertedero los hombres por la noche, ese testigo silencioso, la violaban repetidamente. Tanteaba el suelo en busca de algo que le recordara comida. Por veces se metía a boca excrementos humanos y de animales pensando que eran papillas secas de algún niño que se hubiera recusado comer. Está a la derecha de la imagen. A la izquierda es una mujer que no paraba de fumar con problemas psicológicos, también ella con una historia penosa que la emoción y el pudor no me deja contar.

Dentro otra ancianita (son todos ancianos menos una niña). Sirvió de esclava en la casa de personas muy ricas. La habían echado hacia 4 años después de haber criado su último hijo. Como salario tenía apenas palizas gigantescas que le habían dejado ciega. El marido de la familia había enseñado a sus hijos a pegarle sin motivo para que no se rebotara. Era el juguete de los niños y según dicen del perro feroz de la casa hasta hace 4 años. En su cara el sufrimiento encontró su expresión mayor.

El amor esperó ochenta años para ser te presentado. Te pido perdón abuela por no poder haberte salvado antes. ¡Os pido perdón a todos los que sufrís por ser impotente!!!!! Quisiera ser el héroe que os pudiera salvar a todos, pero no puedo…

¿Sabéis cual la motivación de mi amiga, la Madre Teresa de Nepal? Que estos abuelitos se mueran con dignidad. ¿Habrá deseo y altruismo mayor? ¿Queréis saber porque hay una niña en esta casa de ancianos? Porque después de haber servido de esclava sexual de un “centro de masajes” que les gusta tanto a los occidentales visitar aquí en Nepal, gente que frecuenta sitios caros y se visten con trajes que valen una vida de trabajo aquí, después de esa miseria se vio que no perdía el conocimiento apenas porque la apaleaban e la obligaban a consumir drogas pero porque tenía un problema cardiaco. Entonces la dejaran marcada de por vida para que no contara a nadie quien eran sus crueles verdugos y la abandonaran tirada en la calle sin ropa. La Sra. Shrestha la vio y la llevo al hospital donde conoció a Ani. Ani le preguntó como iría pagar su operación y mi amiga le dijo que había empeñado su anillo de oro para poder hacer frente a los gastos. Ani le dio el dinero y allí empezó su relación.

Esta mujer sola, sin ayudas del exterior merece el cielo en que acredita. Luisa les compró los colchones y el pescado para comer y una botella de coca-cola. Gracias Luisa por ayudarles y realizar sus sueños, gracias Sra. Shresta por dar tu vida a estos ancianos, gracias Ani por indicarme el camino, gracias a todos los que quieran participar.